JULIÁN ZINI, EL CURA CHAMAMECERO

En un paraje pequeño y silencioso llamado El Centinela, un 29 de septiembre de 1939, nació un niño destinado a fundir lo sagrado con lo popular. Lo bautizaron Julián Gerónimo Zini, y desde entonces la tierra roja, el río Miriñay y la devoción profunda le marcaron el paso. Creció escuchando el murmullo de los rezos, el silbido del viento y el rasguido de guitarras que venían de lejos.

Su infancia transcurrió en Cambaí, donde aprendió que la fe no siempre estaba en los templos y que Dios, muchas veces, hablaba en guaraní. De ahí partió al seminario menor de Corrientes, y luego al mayor en La Plata. Se ordenó sacerdote en 1963. Su vocación, aunque profunda y sincera, encontró una manera distinta de ejercer...desde el canto, la poesía, la denuncia y el abrazo colectivo.

En los años 70 vivió en Mercedes, Corrientes, y allí su palabra empezó a resonar con más fuerza. No solo en las misas, sino también en los festivales, en los campamentos juveniles, en las marchas por la justicia social y en los encuentros donde el chamamé era más que música: era identidad. Intermirarte.

Fue parte del grupo fundacional Los Hijos del Pay Ubre, con compañeros como José Ramón Frette, Carlitos Núñez, Joaquín Sheridan y Julio Tomás Cáceres. Con ellos grabaron un disco que nunca vio la luz: las letras —quizás demasiado comprometidas— no pasaron el filtro de la época. Pero la semilla ya estaba plantada.

Junto a Mercedes Sosa. Fundación Memoria del Chamamé (FMC).

Vendrían después Los de Imaguaré, Reencuentro y su propio conjunto, Julián Zini y Neike Chamigo, armado en los años 90 con músicos de alma generosa como Rosita Leiva, Pochi Base, Antonio Álvarez y Francisco "Kingo" Buscaglia.



No hablaba de Dios desde un sitio lejano, sino en las coplas del monte, en los pies polvorientos del peregrino, en la cruz de la esperanza popular. Su pluma escribió canciones que aún hoy se cantan como oraciones compartidas: "Niña del Ñangapirí", "Avío del alma" y "Tierra Prometida".

Sin embargo, también fue un pensador del chamamé. Publicó libros donde reflexionó sobre el alma del pueblo guaraní, la religiosidad popular y la historia que se transmite en canto. Camino al Chamamé, El árbol de nuestra identidad, Pueblo Arandú, Ñandé Reko, son apenas algunas de sus obras. 

En 2005, el Senado de la Nación le rindió tributo por su trayectoria en la cultura popular. Y en 2016, ya en sus años maduros, subió al escenario del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, donde el país entero escuchó, quizás sin saberlo, el sermón más hermoso de su vida.

El 16 de agosto de 2020, Julián Zini murió en Corrientes, su tierra amada. Lo lloraron músicos, creyentes, poetas, campesinos, docentes, estudiantes. Porque no fue sólo un cura, ni sólo un poeta. Fue puente. Fue abrazo. Fue el canto del pueblo hecho carne.

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