Lo que comenzó con un videoclip y el encuentro con más de un centenar de adultos mayores terminó convirtiéndose en un proyecto teatral que hoy presenta a tres elencos. “Viejos son los Trapos” nació de una propuesta de Pablo José Macías y de un grupo de personas que encontraron en el escenario una posibilidad que durante años habían postergado: cumplir el sueño de actuar.
La historia comenzó varios años atrás, cuando Macías realizó un videoclip con más de 100 extras, entre ellos integrantes de distintos clubes de abuelos. Después de aquella experiencia, muchos de ellos continuaron en contacto y manifestaron sus ganas de seguir participando de actividades artísticas.
A partir de ese vínculo, decidió realizar un taller de cine para algunos de ellos. La experiencia terminó revelando algo que sería determinante para lo que vendría después: detrás de muchas de esas personas había sueños que habían quedado pendientes a lo largo de los años.
“Muchos tenían un sueño que a lo largo de los años siempre postergaron por diferentes motivos, que era el de actuar y subir a un escenario”, contó.
En 2025 comenzó entonces el primer taller de teatro para adultos mayores en la Biblioteca Mariño. Al principio eran pocos alumnos, en su mayoría mujeres. Meses después llegó la primera obra de teatro y, desde entonces, el grupo Viejos son los Trapos no dejó de crecer.
Actualmente, cuenta con tres elencos que se presentan en distintos escenarios y reciben el acompañamiento del público. El nombre del grupo fue elegido por sus propios integrantes entre distintas opciones que Macías les había presentado.
La elección buscó reflejar una realidad que atraviesa a muchas personas cuando envejecen...sentirse minimizadas por su edad, quedar relegadas o atravesar situaciones de soledad y abandono.
“Lamentablemente, la sociedad muchas veces, de manera inconsciente, confunde ciertas limitaciones físicas con la incapacidad de tener sueños y deseos por cumplir”, explicó.
“Viejos son los Trapos” funciona también como una manera de cuestionar esa mirada y reivindicar la posibilidad de seguir creando, aprendiendo, haciendo amigos y proyectando nuevos objetivos independientemente de la edad.
El escenario como encuentro
La primera función terminó de confirmar para Macías que el teatro podía convertirse en mucho más que una actividad artística.
Las lágrimas, los nervios y el orgullo se mezclaron con el reencuentro con familiares y amigos que llegaron para acompañar a los protagonistas.
“Vimos la felicidad que les generaba vernos felices y realizados”, recordó.
Para Macías, ese momento permitió comprender que el teatro había logrado generar una unión entre quienes participaban de la propuesta y quienes los acompañaban desde afuera.
“El teatro nos unía y lograba que tengamos voz, puesto que podíamos hablar de nuestras inquietudes y éramos escuchados y aplaudidos”, sostuvo.
La experiencia también transformó al propio creador del proyecto, quien asegura que, sin buscarlo inicialmente, encontró una verdadera vocación.
“Sin saberlo me encontré con una verdadera vocación que transformó por completo mi vida”, expresó.
Cumplir sueños, incluso los que parecen imposibles
Más allá de las obras y las presentaciones, el proyecto tiene para sus integrantes un propósito que excede al escenario: inspirar a otras personas a animarse a cumplir aquello que alguna vez dejaron para después.
A través del humor y de los mensajes presentes en sus obras, buscan transmitir que siempre existe la posibilidad de intentar.
“Hay que intentarlo incluso aunque nunca se logre. El solo hecho de tener un objetivo e intentar alcanzarlo nos llena de motivación y de alguna manera le da un significado a nuestras existencias”, reflexionó Macías.
Y sintetiza el espíritu de Viejos son los Trapos con una frase que también funciona como invitación:
"A veces lo más difícil es vivir sin soñar", sostuvo.



